Tuesday, October 14, 2014

Estimada Sra. Izaguirre:

A veces pienso en ese lugar. Ya no significa gran cosa para nadie, pero yo vengo cada vez que puedo para que Henry no esté solo. Conozco ese cañón como la palma de mi mano. Conozco las rocas, el cauce, los nogales de las huertas, los manzanos silvestres que se agarran a las solanas para florecer, el color de los chopos en junio y en septiembre; conozco a las abejas, a los estorninos que surcan el cielo en bandadas, a las cigüeñas de marzo y a los brezos cenicientos que cubren las partes más altas. Yo vengo para que Henry no esté solo, pero él nunca lo está. En invierno, cuando la nieve y el hielo lo cubren todo, tampoco. 

Querida Marian,
me ha gustado La vida cuando era nuestra especialmente algunos párrafos, algunas frases. Me han gustado las épocas que has recreado, los ambientes, las personas. Me ha gustado la historia de libros, de libros dentro de un libro. Me ha gustado el diseño de la sobrecubierta, el tipo de letra... el que este libro fuera un regalo. 
Sí me quejaría porque has hecho lo mismo que Julia Navarro en Dime quién soy. En mi opinión has intentado construir personajes de todas las ideologías, ni buenos ni malos, para contentar a todos los lectores. Eso pasa al menos con Matías y Lola. 
La historia que de verdad ha llamado mi atención es la de La chica de los cabellos de lino. Esa sí que es interesante y rezuma el glamour de los años 20 por los cuatro costados. Esa sí que es una historia rica, me la imagino como una lámpara de cristales de colores, llena de detalles, bien construida. La de los años 40 no me interesa tanto. Es más gris (como la época) aunque no le niego el valor al personaje de Rose que me ha encantado en todas sus edades. 
La felicito Marian. El suyo ha sido mi libro del verano.

Se acaba el año y me doy cuenta que solo he leído 4 libros en este año. Maldito 2013... ¿Maldito de verdad?
[P. D. a los ajenos: Ni yo  misma sé cuándo acabé de leer este libro. Solo sé que ha estado esperando para viajar hacia otras manos hasta este momento, en el que yo publicara esta carta.]

Sunday, September 29, 2013

Estimada Sra. Navarro,

hace mucho tiempo que no me dirijo a un escritor vivo. Concretamente desde noviembre del año pasado. Casualidades de la vida.
Hoy le escribo de mala manera, insertando algunas líneas entre otras ya redactadas hace semanas cuando terminé su libro Dime quién soy. Digo "terminé" (acabé, agoté, finiquité) y digo bien porque este libro que tengo ante mí, que abro y cierro para que los recuerdos salgan de sus páginas y atraparlos mientras le escribo, me ha parecido un... ¿Cómo decirlo sin ofenderla? Umm... Un auténtico desastre. Y me quedo corta (y me corto).
Parto de la base -y usted lo verá bien- de mi desconocimiento literario. Sólo cuento con mi opinión crítica, con mi gusto particular. Su libro fue un "biblium interruptus", un corta rollos que aprovechó la ocasión de mi desenganche temporal con Veinte mil leguas de viaje submarino. Lo cogí con ganas y sin ganas a la vez. "Con", porque me habían hablado maravillas de él; "con", porque me prometieron sufrimiento con final feliz del tipo de El jinete de bronce; "con", porque fue un préstamo y siempre me hace ilusión que alguien deposite en mí su confianza pensando que soy capaz de devolverle un libro sano y salvo (pese al kilo de arena añadida), además de suponer un reto y una alegría interior porque alguien ha creído que ese libro podría gustarme.
Pero "sin", como le digo, porque su libro venía a entrometerse en la cola de todos los que tengo pendientes. 
¿Qué me ha desagradado sobremanera? Fundamentalmente tres cosas: 
- La primera, el tono repetitivo de la propia estructura de la novela. ¿No se dio usted cuenta de que nos íbamos a aburrir hasta el exceso? Las Garayoas le dicen a Guillermo con quien debe entrevistarse. Éste va (viajando de punta a punta), se presenta, supera las reticencias, les comenta en qué punto de la investigación se encuentra, escucha un relato en primera persona del presente de indicativo (demasiado literal para ser un recuerdo), se queda sorprendido, mendiga más información, se la niegan y... vuelta a empezar. Guillermo y sus entrevistas como eje conductor de la historia y de la novela no me han gustado nada. 
- Lo segundo, Amelia y su "etéreidad", su candidez, su inocencia, su valor, su resistencia, su don de lenguas... alguien tan perfecto que no es creíble. Incluso molesta. Ha querido usted agrupar en una sola persona todos los sufrimientos posibles de buena parte del siglo XX. Demasiado.
- Y la tercera, su afán por construir un coro de personajes para todos los gustos políticos, ideológicos y culturales. Esta tendencia, que veo cada vez más en novelas actuales de su tipo, quiere representar personajes con pensamientos políticos contrarios en una misma familia (¡pero cuidado, nunca extremismos!) que conviven juntos sin el mayor problema. Me parece que usted ha hecho lo que algunos escritores dicen pretender: presentar un abanico de personajes para que cada cual escoja el que más le guste. Elijo todas las teorías. Para mi no hay buenos ni malos... y, en el fondo, no me mojo (en ningún charco).
Es una pena pensar que he perdido un poco el tiempo con su libro. 
Siento el tono de mi misiva pero pese a todo, y como siempre, le doy las gracias.

Querido Jack-Jack-Jack...

Sunday, April 07, 2013

Carta póstuma al Sr. Alexandre Dumas:

- Pero vos no sois de los nuestros - replicó Porthos.
- Es verdad - repuso d'Artagnan -; no tengo el uniforme, pero tengo el corazón de mosquetero. Sí, mi corazón es de mosquetero, y eso me infunde valor.

Querido Sr.,
cierro los ojos (casi mientras escribo) y pienso en sus personajes, tan reales para mí. Pienso en la presentación de cada uno, en cómo entran en la historia, en cómo usted los introduce. Pienso en los ratos que he vivido con ellos. Pienso en por qué he esperado tanto tiempo para leer su libro. En dónde he estado y qué he hecho con mi vida hasta aproximadamente ese mes de enero de 2013 en que decidí abandonar la versión electrónica en el lector que me había prestado la Biblioteca pública y lanzarme al papel de Los tres mosqueteros.
Pienso en Athos, como siempre...
Athos, capítulo aparte, ese núcleo central en torno al que gira su libro. Después de mis conversaciones sobre su obra, ya venía sobre aviso y con bastantes prejuicios, aunque fuesen positivos, sobre Athos - el que no tiene nombre de persona sino de montaña -, punto de encuentro y equilibrio de toda la historia y todos los personajes. 
De todos sus amigos, Athos era el de más edad y, por consiguiente, el que en apariencia debía diferenciarse más en gustos y en genio; y, sin embargo, sentía por él marcada predilección. El aire noble y distinguido de Athos; aquellas ráfagas de grandeza que brillaban de vez en cuando en la oscuridad a que voluntariamente se había reducido; aquella inalterable igualdad de carácter que hacía de él el compañero más tratable del mundo; aquella alegría aparente y mordaz; aquel valor que pudiera calificarse de ciego, a no ser el resultado de la mayor sangre fría; tantas cualidades inspiraban a d'Artagnan un sentimiento más elevado que el de la estimación y el de la amistad: la admiración.
No quiero hablarle de otra cosa (lo demás serán sólo "Pequeñeces, ¡ésas son no más que pequeñeces!", como la expresión favorita de Athos). Yo quiero ser como el conde de la Fère, tener una dejadez y una tranquilidad tal que deje pasar los 15 días que me resten para conseguir mi equipo de campaña porque será el Destino el que me lo proporcione y, si éste no me lo otorga, en vez de pegarme un tiro (algo contrario a mi Fe), liaré una bronca tal con todos los que encuentre hasta que alguno de ellos me de muerte.
- Polvo soy al polvo vuelvo. La vida está llena de humillaciones y dolores - prosiguió en tono cada vez más sombrío -: todos los hilos que la unen a la felicidad se van rompiendo sucesivamente en las manos del hombre, sobre todo los hilos de oro. ¡Oh, querido d'Artagnan! - continuó Aramis, tomando un ligero acento de amargura -. Creedme; ocultad vuestras llagas cuando las tengáis, pues el silencio es la última felicidad para los desgraciados; guardaos de confiar vuestros pesares a nadie; los que nos oyen se alimentan de nuestras lágrimas, como las moscas de la sangre de un animal herido.
Quedo sorprendida de la capacidad de d'Artagnan para batirse en duelo a la más mínima e insignificante oportunidad. En sus Tres mosqueteros, los hombres caen heridos o muertos como moscas. La misma habilidad tiene el gascón para enamorarse de cualquier mujer y amar a cada una con una parte de su cuerpo... (a madame Bonacieux con el corazón y a Milady con la cabeza). 
Unas mujeres que, como Milady, pese a tener tan solo "veintitantos" años, han tenido tiempo para acumular muchas experiencias y, sobre todo, mucha mucha maldad. Al fin y al cabo, como diría UNO, para ser malandrinas.
- ¿A quién buscáis? - exclamó.
- Buscamos - dijo Athos - a Ana de Breuil, que se tituló en un tiempo condesa de la Fère y después lady Winter, baronesa de Sheffield.
Esa mujer, Milady, capaz de entrar en las mentes de otros, de transformar sus pensamientos, de jugar con su imagen, de lanzar miradas de la mayor inocencia hallada en el mundo y de soltar llamaradas por sus ojos. Capaz de volverse loca y dejarse llevar por la ira. Capaz de pasar por encima de todos, sobre todo de los buenos. Capaz de apoyarse en otros para lanzarse, aunque los de abajo acaben aplastados. Capaz de engatusar a d'Artagnan, un pobre infeliz, inocente y engreído... pero lo peor, ¡lo peor de todo! Capaz de enamorar a Athos, que descubrió tarde una flor de lis en un hombro desnudo. 
Y vuelvo, porque yo quiero ser como Athos, que era optimista cuando se trataba de cosas, y pesimista cuando de personas. Que era enigmático, que se refugiaba en el silencio y en la bebida, que hablaba a su criado Grimaud con gestos, sin necesidad de derrochar palabras, de decir nada que no merezca ser dicho al aire. Que es fuente de consejo para todos, que siempre tiene su casa abierta para los demás. Que es respetado en su serenidad y en su fuerza. 
Cuando D'Artagnan llora sobre el cuerpo de madame Bonacieux, dice Athos:
- Amigo, sé hombre. Las mujeres lloran a los muertos; los hombres, las vengan.
Pienso en Athos, como siempre...

En el Athos que ha pasado fugazmente por mi vida. En aquel que me llevó a quitarle el polvo a este libro viejo de corte dorado. 
¡Hola, hola d'Artagnan! ¡Jura como tus hermanos! Devuelve a Athos los favores que te ha regalado. 
- Y ahora, caballeros - dijo d'Artagnan, sin tomarse la pena de explicar a Porthos su conducta -, todos para uno y uno para todos; ésta será nuestra divisa, ¿no es así?
- Sin embargo...- repuso Porthos.
- Extiende esa mano y jura - interrumpieron a la vez Athos y Aramis.
Dominado por el ejemplo, aunque refunfuñando, Porthos extendió la mano y los cuatro amigos repitieron a una la fórmula dictada por d'Artagnan:
- ¡Todos para uno y uno para todos!
Y usted, Dumas, que tuvo una vida apasionante. Usted, cuya misión en ella le fue manifestada después de ver una adaptación de Hamlet. Usted, que supo entonces lo que quería, que meditaba en los bosques, que gozaba, que amaba. Que a los 27 años triunfó con una obra que escribió en 2 meses. Que no tenía tiempo que perder...
... Devuelva el libro que se llevó en préstamo de la Biblioteca de Marsella. 
Suya, también Siempre. 

P. D. a los ajenos: En este blog con tan pocas visitas, una entrada con 233 visualizaciones extraña un poco. Sorprende y también avergüenza, porque creo que es el post más ininteligible que he escrito nunca. Por eso he revisado Carta póstuma a la Sra. Jean Rhys. Brindo, con vino de Burdeos, como Athos, por la nueva redacción!

Friday, February 01, 2013

Carta póstuma a Jack Kerouac:

Sí, tú y yo, Jack... Recorreríamos el mundo entero con un coche como éste, porque la carretera, al final, tendría que dar la vuelta al mundo. ¿Adónde iba a ir si no? ¿No es eso?

Querido Jack,
Comienzo a escribirte en el autobús, en una de las esquinas donde inconscientemente suelo sentarme y donde, conscientemente, he leído probablemente el 80 o el 75% de tu libro, de tu obra maestra En la carretera. Esta ha sido mi forma - mi triste manera - de sentirme en el camino, de sentirme vagabunda, ser errante, desposeída de todo, llevada por alguien, sin destino, sólo por el hecho de ir, de trasladarme, de moverme. Sólo por el hecho de estar en la carretera... La pureza de moverse y de llegar a algún sitio, no importaba adónde, tan rápido como fuera posible y con el máximo entusiasmo y la máxima comprensión de cuantas cosas nos topáramos.

***

Han pasado algunos meses desde que acabé de leer tu libro y empecé a escribirte las líneas anteriores. Llegué a él a través de una noticia en la web de la British Library sobre la exposición del rollo original. ¡Todavía me quedan tantas cosas por saber del libro y de cómo lo escribiste! ¡Todavía me quedan tantas preguntas! Lo leería otra vez para volver a subrayar más cosas de las que ya he hecho. 
Me ha encantado la historia, contada por ti en primera persona. He mirado tus fotos y he imaginado cómo eras. Te veo sentado en un sillón, con tu pelo despeinado, leyendo, fumando, mirando al infinito. Detrás está tu madre a la que quisiste reunir contigo para vivir en familia. (Me gusta cuando dices: creo en un buen hogar, en una forma de vida cuerda y sana, en la buena comida... Y al final: de repente, se te dejaba sin nada en las manos salvo un puñado de locas estrellas). Te veo tras los conspiradores mesiánicos Neal y Allen, dándoles patadas a las latas y siguiéndoles de lejos, con tu silencio y tus respuestas cortas, pero es ahí cuando dices eso de que la única gente que me interesa es la que está loca, la que está loca por vivir, por hablar, ávida de todas las cosas a un tiempo, la gente que jamás bosteza o dice un lugar común..., sino que arde, arde, arde como candelas romanas en medio de la noche. [P. D. a los ajenos: De la fantástica edición de Anagrama que he leído, comprado y regalado a la Biblioteca para quedarme (sin que ellos supieran la verdadera razón) con el manoseado por no sé cuántos lectores previos y que considero ya tan parte de mí como si lo hubiera sido siempre.]

No te pienso valiente pero debiste serlo para arrastrarte con estos locos por la carretera. Cómo te envidio Kerouac por las oportunidades que te presentó la vida y cómo supiste aprovecharlas. Fuiste, cómo decirlo, sencillo. Dejaste que la vida te llevara, acomodándote al transcurrir, caminando despacio, tranquilo, firmemente. Sin más. Bendita vida. Benditas razones para vivir. Tú y Neal fuísteis genuinos, originales. Nosotros ya os hemos leído y sólo nos queda imitaros, repetir unos estereotipos de vagamundos falsos en nuestra sociedad. Comprarnos una armónica y perderla. Vosotros no imitábais a nadie. En ningún momento mencionas que emulábais a otros pese a que la carretera estaba llena de gente como vosotros. En 1949 Jack, ¡tenías 27 años! No conviene mirar atrás, Jack, pero... ¡qué de tiempo perdido!
He leído tu libro con otro Gran Jack al que escribiré a continuación y que echo mucho de menos. Yo no soy Cassady, Kerouac, pero me imaginaba siéndolo con él. Me imaginaba que tenía la misma relación con él que Neal con Allen, esa mística conexión, embarcados en algo tremendo, tratando de comunicarnos con absoluta sinceridad y absoluta totalidad lo que tenemos en la cabeza (...), sentados en la cama, con las piernas cruzadas, frente a frente, infundiéndonos ánimos, diciéndonos uno a otro: ¡puedes ser lo más grande, lo que quieras ser! Una comunicación de corazón a corazón, un acto organizado, una celebración, al que tu asistías desde un rincón, empezando con pensamientos abstractos, comunicándose sin hablar, con la mirada, con vaguedades, en abstracto.

Hay varios pasajes de la novela que me gustan mucho y creo que todos se concentran al final:

El primero que te cuento es ese en el que en un viaje en autobús a Detroit conociste a una joven campesina sentada a la sombra de un porche mientras querías llevar la conversación a tu terreno. La chica no daba para más. Era obtusa. Su mirada apesadumbrada se remontaba a la tristeza de generaciones por no haber hecho lo que la vida había pedido hacer a gritos... Pero ella no sabía lo que quería. Estaba perdida y nadie podría explicarle jamás qué es vivir.
Me gusta ese otro en el que, al final del LIBRO TRES, te despediste de Neal y él te habla diciéndote que, entre paréntesis, le ha asaltado un nuevo pensamiento, y os dejásteis en Long Island, y os dísteis la mano y acordásteis ser amigos para siempre.
Y aquel en el que te veo, llegando en Manhattan a la calle del apartamento donde tus amigos celebraban una fiesta y al gritar hacia la ventana, se asoma una chica preciosa que te dice: -¿Sí? ¿Quién es? A lo que tú respondiste: -Jack Kerouac -dije yo, y oí cómo mi nombre resonaba en la calle vacía y triste. -Sube -dijo la chica-. Estoy haciendo chocolate. 
Pero mi favorito es ese en el que cuentas la noche que pasaste con Neal en un cine de sesión nocturna continua de Skid Row, cómo el cine estaba lleno de "desechos" de la sociedad (tú dices la hez), gente sin nada que hacer, ningún sitio adonde ir, nadie en quien creer, cómo vísteis-oísteis-dormísteis-soñásteis las mismas dos películas media docena de veces en una espiral fílmica infernal, cómo a la mañana siguiente los empleados del cine os barrieron de la sala empujándoos a vosotros junto con toda la mierda acumulada y cómo dices que si te hubieran llevado en aquel montón de porquería Neal no te habría vuelto a ver en la vida. 

Empapelaría mis espacios con frases de En la carretera (probablemente este blog acabe denunciado por todas estas líneas copiadas):
Nos quedamos en silencio, como solíamos hacer después de haberlo hablado ya todo.

Y en la noche olorosa de Denver recorrimos las calles destartaladas aledañas al cruce de Welton con la Diecisiete. El aire era tan suave, las estrellas tan hermosas y la promesa de cada callejuela empedrada tan grande que pensé que estaba viviendo un sueño.

...y jamás pensó realmente que yo valiera gran cosa. Era precisamente lo que quería que él y el mundo pensaran de mi persona. Así me sería posible entrar subrepticiamente en las cosas, si es lo que se pedía de mí, y salir del mismo modo. Y eso es lo que hacía.

El viaje a Texas les llevó días y noches, y en todo ese tiempo apenas durmieron y hablaron continuamente. Nada quedó sin debatir, nada quedó sin resolver. En al autopista, al pasar junto a los peñascos de Raton, a los pastos ventosos de la lengua de tierra de Amarillo, en el corazón frondoso de Texas..., hablaron y hablaron, hasta que al llegar a Waverly, y luego casi a Houston, donde vivía Bill Borroughs, habían llegado a tantas decisiones vitales que se arrodillaron en la oscuridad de la carretera, mirándose cara a cara, e hicieron votos de amistad y amor eternos. Allen Ginsberg bendijo a Neal; Neal aceptó la bendición. Se arrodillaron y salmodiaron hasta que les dolieron las rodillas. 

Refiriéndote a Henri Cru: No es que no me perdonara nunca el haberle quitado a su chica, sino que -muy al contrario- ello resultó una suerte de vínculo que nos unía; fue un amigo leal desde el primer día, alguien que me tenía verdadero afecto (quién sabía por qué).

Era hora ya de perseguir mi luna.

Detrás de mí, nada; delante, todo, como acontece siempre en la carretera. 

Sentí la llamada de mi propia vida pidiéndome que regresara.

Tras una docena de pasos, nos volvimos (porque el amor es un duelo) y nos miramos por última vez. 

-Quiero casarme -les dije-. Para apaciguar mi alma con ella hasta que los dos nos hagamos viejos. Esto no puede seguir siempre así... Todo este frenesí, todo este deambular de un sitio a otro. Tenemos que ir a alguna parte, encontrar algo...

No había ninguna claridad en lo que decía, pero lo que quería decir resultaba -de alguna manera- puro y nítido. Utilizaba mucho la palabra "puro". Nunca se me había pasado por la cabeza que Neal se fuera a convertir en un místico. Eran los primeros días del misticismo que habría de llevarle a la santidad extraña y harapienta de W.C. Fields de sus años posteriores.

Empezaba a acudir a mí en busca de consejo; ni siquiera Neal le bastaba.
-¿Qué piensas hacer contigo mismo, Al? -le pregunté.
-No lo sé -dijo él-. Ir tirando. Me gusta la vida -dijo, repitiendo el pensamiento de Neal.

Como es natural, hoy, cuando miro atrás y pienso en ello, aquel algo no era más que la muerte: la muerte nos alcanzaría antes de llegar al cielo. Aquello que anhelamos en nuestros días de este mundo, lo que nos hace suspirar y gemir y soportar todo tipo de dulces náuseas, es la rememoración de una dicha perdida que probablemente experimentemos en el seno materno, y que únicamente puede reproducirse -aunque odiemos admitirlo- en la muerte. Pero, ¿quién quiere morir?

... además, Pauline jamás llegaría a comprenderme, pues me gustan demasiadas cosas y me sumo en la confusión y me atasco cuando corro de una cosa a otra y al final acabo hundido. Ésa es la noche; y eso es lo que la noche te hace. No tengo nada que ofrecer a nadie más que mi propia confusión. 

Refiriéndote a Burroughs: Me limitaré a decir que era un maestro, y que tenía todo el derecho a enseñar porque aprendía todo el tiempo. Y las cosas que aprendía eran los hechos de la vida, y no por necesidad sino porque quería hacerlo. 

Mientras dormías he estado contemplando esta carretera y este país..., ¡y ojalá fuera capaz de contarte los pensamientos que me han pasado por la cabeza!

Neal y Frank dormían, y yo estaba solo en mi eternidad al volante. 

Estar allí tumbado encima del coche, con la cara dirigida al negro cielo, era como estar dentro de un baúl cerrado en una noche de verano. Por primera vez en la vida el tiempo atmosférico no era algo que me afectase, que me acariciase, que me helase o me hiciese sudar, sino que el tiempo era yo mismo. La atmósfera y yo éramos una sola cosa. 
............
Kerouac, yo también te grito desde la ventana: no sabes lo que ha significado tu libro para mí. He vivido con él durante una larga temporada, ha supuesto un corte, una ruptura. Ahora lo miro, lo toco, lo poseo como un tesoro. Junto al de McCarthy (casualmente otra carretera) tu libro ha cambiado mi forma de mirar el mundo.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en que sólo me interesan los locos de este mundo. Pero todos lo estamos, Jack, todos estamos más o menos locos. Creo que no he encontrado todavía una persona insustancial en mi vida. Nada más escarbar en alguien aparece un mundo interior por descubrir, por explorar. En ocasiones son grutas doradas, llenas de tesoros o de minerales preciosos. Asomarse al interior de una persona, a esa noche cerrada (...), noche secreta (...), noche sagrada, es algo que nos conecta con nosotros mismos, nos hace abrir los ojos y maravillarnos de nuestra existencia. Es algo metafísico. Algo trascendente. Es un privilegio otorgado, el sentarnos frente a frente con alguien, cruzados de piernas a comunicarnos de corazón a corazón

Qué vida la tuya sin miedo. TE ENVIDIO KEROUAC. Tu fluir.
Te he imitado en algunas ocasiones en esos viajes a velocidades imposibles. Aunque yo no saco la cabeza por la ventanilla.

P. D. Si seguís así vais a volveros locos, pero por favor mantenedme al corriente de lo que os sucede en el camino. Jack, mantenme al corriente.

[P. D. a los ajenos: Encontré a este hombre (des) equilibrista tratando sobre la Generación beatnik en la literatura, la música y el cine. Me ha orientado mucho leerlo.]

***   ***   ***  

Conocí conocí a Neal no mucho después de la muerte de mi padre...
I first met met Neal...
(Te leo las primeras líneas de En la carretera)

... y nadie, nadie sabe lo que va a pasarle a nadie, salvo que triste y fatalmente va a envejecer, y pienso en Neal Cassady, e incluso pienso en el Viejo Neal Cassady, el padre que jamás llegamos a encontrar, pienso en Neal Cassady, pienso en Neal Cassady...

(Y te leo las últimas, a ti que, a no ser que hicieras trampas, nunca pudiste leerlas)

Yo pienso en Jack Kerouac, Jack Kerouac...

Carta póstuma a Jack, Jack, Jack:
Queridísimo,
¡he tardado tanto en escribirte! Pero me acuerdo de ti cada día.
Te pienso en mi silencio. Pero a veces también me acuerdo de ti en el ruido. En esas ocasiones tu recuerdo me asalta como un dolor punzante, de repente, sin previo aviso. La muerte es SILENCIO. Con mayúsculas. Es silencio y frío. Es el abismo y la Nada. Cantada, por supuesto, por Nacho Vegas.
Pienso en la de cosas que te contaría, en la de sitios que me gustaría enseñarte, en que me des (en que me das) la mano, camerado. Mi imaginación en vuelo sin motor. Y yo intentando cogerla a lazo para atarla a un poste, como tú hiciste contigo mismo un día. Pienso en ti a cielo abierto. Cuando hay nubes. Cuando sólo se ven algunas estrellas.
Nunca te escribiré la carta perfecta. Nunca habrá una despedida en la que diga todo lo que quiera, lo que sienta. La vida ha orquestado esta función inverosímil de mala manera. Nunca (nunca digas nunca) lo hubiera imaginado. Los peores pronósticos se cumplieron.

Te pregunté como Allen a Cassady:
Luego Ginsberg le preguntó a Neal si era sincero, y, concretamente, si era sincero con él en el fondo de su corazón.
Tú me dijiste que sí y me hablaste del "asunto cebolla" y algo sobre unos llantos quinquenales. 

Creo firmemente en el alma de las personas y creo, también firmemente, que he visto una parte de la tuya. Yo te dejo aquí la mía, junto a la vergüenza de mi vida contemplada, mi pequeñez, mi Todo y mi Nada. Me quedo pensando en ti, en tus mil nombres, en cómo la vida nos cruzó en la carretera. Me quedo con tus cartas, con tus planes a medio plazo y tus canciones. Me reservo el "estoy contigo todo el rato". 
Yo sigo aquí. Mirando cómo te has ido. Buscando verte por algún sitio. Preguntándote dónde estás. Y te doy mi mano... para seguir juntos mientras la vida nos dure...

Camerado, I give you my hand!
I give you my love more precious than money, 
I give you myself before preaching or law;
Will you give me yourself? will you come travel with me?
Shall we stick by each other as long as we live?

Poema Canción del camino abierto en Hojas de hierba de Walt Whitman.


Sólo esto quedaba por decir. Cantar este himno en tu honor. Esta canción sagrada. Dejarla aquí para el juicio del mundo. Para la separación entre los que estén contigo o contra ti. [Lying out there like a killer in the sun / Hey I know it's late we can make it if we run... Yo prefiero Except roll down the window / and let the wind blow back your hair...]
Mando mi mensaje en una botella a las estrellas. Recíbelo tú, mi admirador circunspecto, mi juntaletras de bata blanca, mi amigo invisible, mi griego, mi Atreyu, mi Athos... mío y de todo el mundo. 
Pero sólo mi Jack, Jack, Jack.
P. D.  Eternidad. Siempre.

Saturday, November 03, 2012

Estimada Sra. Brady,


(¿Cómo se orquesta una carta con un montón de notas inconexas?
¿Cómo puedo escribirle meses después de haber leído su libro?)

Así comencé a escribirle nada más terminar:

Valiente, valiente... ¿es esto un libro de autoayuda? Que vuelva Dios y me lo diga...

De esta manera continué una semana después:

Así empecé a escribirle la semana pasada pero durante el transcurso de esta y mientras ya me encontraba inmersa en la lectura de Carta de una desconocida, he tenido en el garaje de mi cerebro su historia.
Al principio pensé que en este libro recomendado (el primero que acepto de una persona que entró como actriz en el teatro de mi vida hace unos años) se encontraban enlatados una montaña de consejos...

Y así continúo ahora, hoy, en este momento...

… de consejos vacíos – a eso me refería –, consejos de libro de “las 100 mejores frases para la vida” o los “365 lemas de la sabiduría, uno para cada día del año”, ilustrados con imágenes retocadas de la Naturaleza: mucho verde y mucha bruma, especialmente mucha bruma.
Pero en ese momento pensé, como lo hago ahora, que en su libro ha dejado plasmadas muchas verdades. Simplemente me parece que es un libro para iniciados, para aquellos que están totalmente perdidos en el camino de la vida. Para los que encima de la venda, llevan una máscara y encima un yelmo y para terminar, un saco de arpillera.
Para aquellos que hemos abierto un poco los ojos (o creemos que lo hemos hecho) su historia se queda corta.

Dios vuelve a la Tierra sobre una Harley. Dios en bares de carretera… cuesta imaginarlo. Al principio no me gustó nada la idea de que le impidiera a Christine comentar con alguien “su (segunda) venida” aludiendo que la última vez no había funcionado demasiado bien: los hombres jugaron al teléfono y distorsionaron el mensaje. Pero, si yo conociera a Dios, me lo encontrara por la calle, ¿¡no me quedaría alucinada y se lo diría a todo el mundo?! Probablemente nadie me creería… Luego pensé que la historia se repetía. Ya Él decía: no lo digáis a nadie…

Y segundo, Dios se espera a que a Christine se le pase el enamoramiento, que rompa con todas las ideas románticas respecto a su relación. ¿¡Por qué!? ¿Acaso no me enamoraría yo locamente si tuviera a Dios, Hombre perfecto, delante? ¿Por qué debería evitarlo? … Pero aquí llega otro cambio de parecer. Como ve, leí su libro con bastante sentido crítico, reacia, pero al final tuve que tragarme mis propias teorías.
Lo que ella llega a sentir por Él, Él lo define como: -Es amor genuino. Amor en su forma más pura. Esa clase de amor que tan sólo quiere expresarse, que no pide nada a cambio. La clase de amor que has estado buscando a lo largo de toda tu vida.

Y tercero. Dios ha vuelto para darle a cada uno los mandamientos que deben regir su vida.
Quiero entrar otra vez en contacto con todo el mundo y dar a cada uno su lista personal de mandamientos. Ya me entiendes, pautas que funcionen para el individuo, no para la masa. (...) Mandamientos que cobrarán sentido para ti y que te guiarán a la paz más grande que hayas conocido jamás. Tengo una lista distinta para cada persona. Hay gente que necesita más y otra menos. Todo depende de en qué medida hayan complicado su existencia.
¿Sabe Joan? Me gusta esta idea. Ya este verano lo comentaba premonitoriamente antes  de leer su libro: que hay salvación, que puede haber redención para todos.
¿Cuáles son los mandamientos que le deja a Christine?
Los que aparecen a lo largo de la redacción del libro:
"No levantes muros: aprende a traspasarlos."
"Vive cada momento de tu vida, pues todos son preciosos y no debes malgastarlos."
Qué graciosa la lista de las cosas sencillas para reparar, para apreciar en el mundo. Christine se pone entonces a mirar como sus plantas beben el agua con que las riega, a ver las olas romper en la orilla… qué difícil me parece que es hacer esto hoy en día cuando sentimos (siento) tanta presión por un supuesto aprovechamiento del tiempo, por aprender cosas, por vivir experiencias...
"Cuida de ti misma ante todo y sobre todo. Pues tú eres yo y yo soy tú, y cuando cuidas de ti, cuidas de mí. Juntos, nos cuidamos el uno al otro."
- RENUNCIA AL EGO. MUÉSTRATE TAL Y COMO ERES. Y NO PIERDAS DE VISTA LO QUE SUCEDE.
Y otros que he perdido: (parece que ya había cumplido el número de páginas estipulado por la editorial y tiene que empezar a cortar)
5. Todo es posible en todo momento.
6. Sigue el fluir universal. Cuando alguien da, recibir es un acto de generosidad, pues en esa entrega, siempre se gana algo.

Corto así, Joan, de golpe, como usted. Aunque al final tengo que darle las gracias.

[P. D. a los ajenos: copio unas cuantas frases más que recogí en su día antes de devolver el libro para escribirle a la Sra. Brady] 

... Yo era joven y romántica por aquel entonces. Soñaba con enamorarme locamente y casarme. Sueños que encontraron una muerte lenta y dolorosa.

... Decidí que aquello [los contratos de enfermera ambulante] era el bálsamo perfecto para un corazón roto, así que me dispuse a llevar la vida de un canto rodado y dejarme arrastrar de ciudad en ciudad.

- Sal de las sombras - me invitó con tono afable -. Ya has pasado demasiado tiempo escondida en ellas.

Hasta donde alcanzaba mi memoria, me había definido siempre por el trabajo que hacía. Cuando la gente preguntara, ¿qué haces?, quería tener una respuesta mejor que la de "soy enfermera". Era más que una enfermera, tenía que serlo. Era hora de descubrir qué más era. (...) Era el momento de descubrir quién era yo y qué era lo que de verdad quería.

- El matrimonio es válido, Christine -dijo con expresión grave-. (...) Pero sólo funciona entre dos personas que han aniquilado sus propios dragones y que entienden que el verdadero amor es el que crece en un corazón que ha sido fertilizado con las semillas del conocimiento de uno mismo, en un corazón que es lo bastante fuerte como para ser coherente con esa identidad propia tan difícil de aceptar. 

Sunday, September 16, 2012

Carta póstuma al Sr. Zweig:

Y si alguien pronunciara mi nombre ante ti, no le darías ninguna importancia, no te diría nada. ¿Por qué no tendría que estar contenta de morirme si para ti ya estoy muerta? ¿Por qué no habría de irme si tú ya te has ido?

Tengo la impresión de haberlo visto antes. Sus libros aparecen y desaparecen de mi vista y no se si ya los he leído porque, de tanto verlos, me resultan tremendamente familiares. Llevo cargando un tiempo con la versión electrónica de Carta de una desconocida pero he tenido que esperar a encontrarme con el papel (más alguna recomendación imperiosa) para leerlo.
Las páginas de su libro huelen a pesimismo, tristeza, desolación. El viaje de la mujer, anulada por ese amor, desde las noches en el suelo de su recibidor hasta las otras en la calle bajo su ventana, está tan lleno de sentimiento que solo provoca vacío. Ella no lo culpa pero su carta está llena de acusaciones. Stefan, mujer, la única culpable eres tu aunque tu no seas responsable. El amor te ha impuesto una carga que ni tu, ni el hombre, podíais soportar. Cupido se ha pasado de flechas y te ha dejado como un muñeco de paja en una justa medieval. La desproporción es tal que en el hombre, como si fuera de metal macizo, las flechas han rebotado y no han dejado ni una abolladura. Me siento Sr. Zweig, totalmente en sintonía con esta mujer que ha vivido a la sombra, que escribe cartas sincerándose a un desconocido. Ella murió y no le queda tiempo para arrepentirse. 
Quieres gritarle: ¡Tonta! ¡Olvídate, olvídalo! ¡vive la vida, vive tu vida! ¿Qué vida fronteriza es esa que ni vives tu vida ni la del otro? Ahora, mientras le escribo, suelto el teclado y miro hacia delante, pierdo la vista,  agradezco cosas a la Naturaleza desde un estado pacífico, no de júbilo incontrolado. Me siento respirar y deseo que esto dure siempre. Ilusiones vanas. Alguien te hará daño, tu mismo te defraudarás cada día, sentirás el peso del mundo... al final solo quedarás tu. Y más vale que estés preparado para ello, sin esperar en el suelo, bajo ninguna ventana, soportando la lluvia en la calle. 
Sr. Zweig... gracias.

Carta póstuma al Sr. D. Philip K. Dick:

Si él fracasaba, alguien lo lograría. El tiempo y la marea, se dijo Rick. El ciclo de la vida y, al final, el último crepúsculo antes del silencio de la muerte. Un micro- universo completo. 
Estimado Sr., 
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Puedo responder a esa pregunta? Los androides de su libro Blade Runner se acercan tanto a los humanos que casi podría decir que sí... [a los ajenos: acabo de escuchar el Cuento para Ulises de hoy, domingo 16/09/2012, en RNE y, como persona indecisa, yo también dudo]. Pero antes tendría que preguntarme: ¿Duermen los androides? Es decir, ¿lo necesitan? ¿O solo duermen como una demostración más de su imitación del comportamiento humano? Y también, ¿comen los androides... por necesidad, con ganas? ¿Defecan? Perdón, no sabría decirlo de otra manera... 
Nunca pensé -y ya se que tampoco es un asunto de trascendental importancia- que llegara a leer ciencia ficción. Me acordé de su libro cuando buscaba algo de... De... ¿Ve? Lo mismo me pasó en la Biblioteca y al final sólo recordé su título. Me enganché en el comienzo del segundo capítulo (En un ruinoso edificio, vacío y gigantesco...) donde describe el inicio de la Guerra Mundial Terminal (fin de los acaboses) y como el mundo quedó cubierto de esa capa de polvo contaminante. Ahora que todavía tengo en la cabeza el libro de McCarthy, La carretera*, recordé como ahí también el mundo deshabitado está cubierto de una capa de, en este caso, ceniza, que lo impregna todo y que lo desertifica todo. Valga pensar que situó este mundo destruido en 1992 cuando en España estábamos haciendo cola para agarrarle la mano (o la pata, no se sabe) a un muñeco blanco de gomaespuma con una cresta multicolor. Quizás las personas dentro de Curro sí hubieran preferido ser sustituidas por androides... 
...¿Tanto pensó entonces que el mundo pudiera cambiar en apenas más de 20 años? No se si será cosa de nuestra pobre perspectiva aunque sí es verdad que el que mira, el que observa, es capaz de ver los cambios hasta en su propia época. El 11 de septiembre de 2001, por ejemplo, pudo ser el día que cambió el mundo que conocemos. Hoy, si usted quiere, podemos estar en medio del "principio del fin". El mes pasado, aterrizó un robot aún más especial en Marte que nos transmite una información con un desfase de 20 minutos. Para hablar con él tendríamos que tener tiempos de espera de 40 minutos entre que oye lo que decimos, nos responde y lo recibimos. ESTO SÍ QUE ES CIENCIA FICCIÓN REAL. ¿Qué nos ha pasado siempre con Marte? ¿Hemos esquilmado ya suficientemente la Tierra que necesitamos emigrar a otros planetas? Ya no nos sirve el cambiar de país, ya hemos conocido todos los rincones de la Tierra, ya los hemos llenado de basura (en su libro, de kippel), ya los hemos usado y desgastado, por lo tanto, hay que buscarse un nuevo Mundo. 
Hay dos cosas que me han llamado mucho la atención de su libro: 
La primera es el órgano de ánimos Penfield... qué artificial pero qué útil. ¿Quién no quisiera tener uno para evitar dejarse llevar por sus emociones? Yo me programaría 'estabilidad anímica' para todo el día. Nunca he tenido tanta maraña de sentimientos, sensaciones, como últimamente. Mi espíritu, mi ser, mi cabeza, se pasan el día montados en una montaña rusa y de vez en cuando alguno se baja a vomitar y suplica a los demás que paren, que no continúen montados, pero los otros están atados y no saben siquiera cómo quitarse el arnés de seguridad... En fin, no hemos venido a hablar de mí sino de su libro. Que Iran se programe una depresión continua no es sorprendente: quiere estar así. Cuando Deckard compra la cabra le dice: ¿Sirve esto para curar tu depresión? Cura la mía... 
Lo cual me lleva al segundo punto: la necesidad imperiosa de tener un animal. No quieren un hijo. Quieren algo que cuidar, vivo, que los requiera de verdad y no eléctricamente. 
Me dejo muchas cosas, Sr. Dick: Mercer, los cabezas de chorlito, la empatía, Rachel Rosen y el empujón a la cabra... 
Gracias Sr. Dick. Mando mi misiva a las estrellas. Con empatía, una especial. 
P. D. Por esos primeros versos que aparecen previos a la dedicatoria 
Y aún sueño que pisa la hierba 
caminando espectral entre el rocío 
atravesado por mi canto alegre. 
Me han entrado muchas ganas de leer algo de Yeats, ¿lo tengo en mi lista? 
 Necesito copiar unas cuantas frases. Que me lo permitan los de Planeta: 
 - Entonces, para qué sirve todo? ¿Para qué estás tú? 
- Para demostrarte que no estás solo - respondió Wilbur Mercer -. Estoy aquí, contigo, y aquí estaré siempre. Ve y haz tu tarea, aunque sepas que está mal. 
- ¿Por qué? - preguntó Rick -. ¿Por qué debo hacerla? Dejaré mi trabajo, emigraré. 
- Adondequiera que vayas, te obligarán a hacer el mal - dijo el anciano -. Esa es la condición básica de la vida, soportar que violen tu identidad. En algún momento toda criatura viviente debe hacerlo. Es la sombra última, el defecto de la creación, la maldición que se alimenta de toda la vida, en todas las regiones del universo. 
Me gusta esta expresión: 
- ¿Está ocupada ahora o podemos hablar? - preguntó -. Así como me dijo usted más temprano - no parecía el mismo día. Una generación debía haber nacido y declinado desde su conversación con ella.

*Alguien me ha dicho hace poco que, casualmente, leyendo una revista francesa encontró un artículo sobre La carretera que decía que este libro no se olvida. Hagamos la prueba. Lo leí en julio. Ha pasado un mes y medio y todavía me queda "carretera" para rato. Lástima que en medio de la catarsis se rompiera en mil pedazos...

Sunday, August 19, 2012

Querida Raquel,

Io ti conosco (si es que se escribe así) y no en plan "te conozco, he visto tu alma"... Tampoco es "Io ti conosco" al estilo El Padrino. Ni siquiera es un "te conozco" verdadero. Pero te me haces más cercana. Nunca me había pasado esto con un escritor...
Acabé hace una semana [P. D. a los ajenos: eso escribí en mi borrador particular, ya casi ha pasado un mes] de leer tu libro, La herencia de La Rosa Blanca. Leí deprisa, enganchada a la historia y totalmente metida en ella. Por un periodo de tiempo (no se lo que he tardado en leerlo, ¿3 semanas?), me he sentido parte de la familia O'Connor.
He pensado mucho en cómo habrás escrito este libro. Te imagino divertida gestionando tantos personajes. Te imagino incluso de pie, delante de una mesa de madera atestada de papeles y tu organizando las tarjetas como si fueran cartas y estuvieras jugando al solitario. Quizás hayas necesitado hacer biografías individuales y árboles genealógicos... Me parece que has escrito una novela muy al estilo de las actuales (iba a escribir además "norteamericanas" pero creo que este tipo de redacción traspasa esas fronteras) en las que varias historias individuales se cruzan y se convierten en una en algún momento. En tu libro es todo más complicado y al final parece que no queda ningún cabo suelto. Todo encaja. Te has preocupado de dejarlo todo atado hasta la última página. Incluso - y para rizar el rizo - cierras el círculo llevándonos desde el final hasta el principio con la historia de la primera vez que se vieron Ben y Sophie. Eso sí, la historia de esta última con Hugh se ve venir, se adivina incluso antes de que hayas dado pistas. Me encantan esos momentos, cuando uno está leyendo y salta en voz alta (en medio del silencio de uno mismo pero quizás en medio del bullicio de un parque, de una plaza, de la playa...): "¡ya verás como pasa esto!" O, en nuestro caso: "¡ya verás como ahora Hugh y Sophie se encuentran!". Es un momento raro en el que la historia escrita y encerrada en el libro pasa al mundo "real", de los sonidos y las palabras.
Como me ocurre a veces, mientras leía he hablado de tu novela con otros...
-¿De qué va este libro? - Me decían.
Esta pregunta a veces me exaspera aunque en ese momento no me sienta exasperada...
No se, Raquel, ¿de qué va tu libro? ¿Qué responderías a esto?
Simple, reduccionista y destructor de la literatura, del esfuerzo creativo del escritor y de la ilusión descubridora del lector, es decir lo que yo digo: "Es una novela romántica que..." (Últimamente he descubierto que la palabra "romántica" debe evitarse a la hora de describir el argumento de una novela a no ser que quieras que piensen que lees literatura erótica... cuando no es el caso). ¿Hay o no una historia de amor en tu libro? La hay, sí... No, las hay. Pero no solo queda ahí. Es más, en tu libro hay además investigación, hay nazis... a veces hay demasiadas cosas que, como esta frase mía, no quedan muy perfiladas.
También he tenido la sensación de que estaba dentro de una historia para llevar al cine. No se si este es tu objetivo o es simplemente la manera tan visual que tienes de escribir. No he leído tu otra novela pero me ha parecido demasiado que trajeras a un personaje de esta a La herencia de La Rosa Blanca. En ese momento, también sonido desprende tu novela porque el hombre orquesta empieza a darle a todos sus instrumentos, especialmente al bombo.

Raquel, ¿sabes que me ha gustado mucho tu libro? Te doy las gracias y me gustaría conocer el esfuerzo (poco o mucho) que has realizado para escribirlo. Perdona por tutearte. Y ya conscientemente, te deseo lo mejor. Un abrazo fuerte. ¿Has visto que tu libro ha sido mi libro del verano?

Monday, August 13, 2012

Estimado Sr. McCarthy,

Le escribo ahora, Sr. McCarthy, casi un mes después de haber leído su libro La carretera pero, pese al tiempo transcurrido, no he conseguido olvidarlo. Y mire que lo he intentado... He recomendado este libro suyo como uno imprescindible, para leer en algún momento de la vida pero añadiendo que hay que estar preparado para ello. Yo no lo estaba. Me parece que leer La carretera ha sido un poquito más duro para mí por el momento anímico por el que estoy pasando: ni mejor ni peor que otros, simplemente distinto a lo que creo que es mi punto medio.
Su libro me ha hecho hacerme tantas preguntas...
¿Qué es la vida? ¿Para qué estamos cada uno de nosotros en el mundo? ¿Merece la pena vivir la vida en esas condiciones, en la Nada, en el vacío más absoluto?
Un inciso... cuando hablaba de su libro mientras y tras la lectura (lo he hecho muchísimo, me ha recordado a cuando leí Ensayo sobre la ceguera y cómo no podía dejar de hablar del libro), los "escuchantes" me querían hacer ver que la vida siempre tendría sentido si somos capaces de ver la belleza de las cosas sencillas, de las cosas que la naturaleza nos proporciona pero les respondía ¿y si no hay belleza? ¿Y si no sale ni se pone el sol cada día? ¿Y si la lluvia no riega y nutre los campos? ¿Y si sólo hay destrucción? ¿Y si no existe la esperanza?
¿Cómo se puede vivir así? ¿Cómo se vive en situaciones similares de guerra y de odio? Tenemos todavía el sol que nos ilumina y que pinta el cielo de azul.
Leí su libro pensando que narraba la desaparición de la especie, como en su día pasaría con los dinosaurios. ¿Por qué? ¿Cómo ha llegado el mundo a esto? ¿De dónde ese gran cataclismo? ¿Hecho por las aberraciones del hombre o -sería una buena justificación- por causas externas? A todos los que hablaba y que, al menos, habían visto la película, he preguntado lo mismo: ¿aparece por qué se llegó a esta situación? Alguien me dijo, recordando (o inventando) vagamente, que había sido fruto de unas guerras infernales.
Qué rastro de destrucción... Muertos en contenedores (a saber qué hacían ahí, qué se intentaba hacer con ellos o qué intentaban ellos mismos hacer), aquel hombre muerto sentado en las escaleras de su casa, esos barcos flotando a la deriva de un mar gris, de cenizas...
¿Es vivir - me pregunto de nuevo - ese errar de esas personas que parece que no recuerdan ni sus nombres? ¿Merece la pena? Todo se desvirtúa con este pensamiento. Todo se relativiza. ¿Para qué la cultura? ¿Para qué los libros? ¿Dónde queda la música? ¿Dónde queda la grandiosidad de las artes?
... Y ese eterno miedo... El que no siente de continuo la gacela a ser devorada porque sino moriría de un infarto...
Muchas cosas, muchos pensamientos que han pasado por mi cabeza mientras leía este libro, se me quedan en el tintero cerebral. Me acuerdo de la persona que me lo regaló (todavía me pregunto por qué lo hizo) que no sabe nada de todo esto: no sabe la impresión que me ha causado el libro y los ratos de "desesperación" que me ha hecho pasar.
¿Cómo se siente usted Sr. McCarthy? Me gustaría saber qué pasó por su cabeza entonces para escribir este libro. Sería muy interesante conocer su forma de pensar y su visión del mundo. Libros como el suyo nos hacen abrir los ojos, darnos cuenta de dónde estamos, de quiénes somos, de qué de nosotros debemos realmente cultivar para sobrevivir, de lo realmente importante. Grabaría a fuego su libro en mi mente aunque eso me hiciera a veces no querer vivir.
Curioso todo esto, no? Muchas gracias.

Querida Sra. James:



¿Cómo han podido escribir de su libro La muerte llega a Pemberley 

"Una novela perfecta" 
USA Today
"P.D. James cautiva a los lectores más exigentes de Jane Austen"
Evening Standard
o
"Jane Austen estaria orgullosa de la gran dama del crimen"
Spectator?
¿Qué lee esta gente que hace estas críticas?
Yo no soy una lectora aventajada o una crítica experta pero mi simple olfato lector me hace sentir que estos comentarios no corresponden. Su libro me parece estar mal hilado, mal narrado. Hay escenas que, tras leerlas, no sabes qué personajes las han protagonizado. Hay caracteres que se confunden hasta llegar al punto que dos Fitzwilliam mantengan una conversación sin distinguir quién dice cada frase. No he acertado a conocer a los personajes, dudas de todos, incluso cuando ha terminado la novela. Todos se convierten en sospechosos (incluida Jane que aparece débilmente) y Alvenston es el Poirot del momento que investiga sin que nadie se plantee investigarle a él. 
No tengo nada más que comentar, lo siento mucho. Los hechos se repiten y repiten pues ocurren, son contados por los que los han vivido, narrados después a la policía, explicados a los vecinos, relatados por carta, expresados a los abogados, acordados como coartadas, justificados ante los testigos, sentenciados por los jueces, recordados por los supervivientes... Y todo eso en 331 páginas que me alegro no haber comprado. Sobran pues. 
La única alegría que me ha dado es que ha mantenido a la pareja Lizzy-Darcy feliz. Eso se lo agradezco. Su quizás conocida McCollaugh se empeñó en destrozar este matrimonio sumando un punto más negativo a su novela. 
Sin más que REPETIR, pongo fin a mi misiva. 
Reciba mi cordial saludo.

Carta póstuma al Sr. Jack London:

Estimado Sr. London, 
Le escribo mirando de reojo al mar, escenario muy distinto de su libro Colmillo Blanco. Qué impresión Sr. London me ha causado su novela. Cómo me ha hecho adentrarme en la psicología animal o al menos en la "posible" psique animal. Me he trasladado, de verdad, a las vastas extensiones heladas de Canadá, de las Tierras Vírgenes, del Yukon, del río Mackenzie... espacios todos que he intentado situar en el mapa. 
¿Lo mejor? La evolución de Colmillo Blanco, el momento en el que es nombrado, la dependencia de su madre, cuando la madre lo olvida, la lucha de su padre por conseguir el tesoro que era su madre, el descubrimiento de cosas inexplicables y la comprensión de estas gracias al legado ancestral de generaciones anteriores de su misma especie... 
Hay dos cosas que me han hecho reflexionar después de mis conversaciones sobre su libro con otros animales-hombres (¿para mí también dioses?) durante estas últimas semanas. En primer lugar que usted, como hombre, escribió sobre la mente de un lobo, de un animal de otra especie, por lo tanto, escribió sobre imaginaciones suyas o más bien, sobre lo que usted pensaba que un lobo podría "pensar". Parece una grandísima tontería pero he necesitado que alguien expresara esta idea en voz alta para darme cuenta de esta realidad. En su novela parece que leemos la mente a los lobos que allí aparecen. La segunda cosa proviene sobre unas recientes charlas sobre la educación y la formación del carácter de las personas. Parecido a "qué era antes, el huevo o la gallina" nos planteábamos como un individuo llega a ser lo que es fruto de la educación recibida y del papel que ha protagonizado en su desarrollo en el mundo. Me hacía, a la vez, pensar en Colmillo Blanco, y en cómo son las circunstancias las que van forjando su carácter tanto a nivel de aprendizaje a través de las experiencias vitales como del entorno y de los agentes externos - los otros (Castor Gris, Guapo Smith, Weedon Scott) - que moldean en él unos u otros sentimientos, habilidades... ¿Hay esperanzas entonces? ¿Puede un hombre forjarse a sí mismo ajeno a todo lo que le rodea? ¿Puede no dejarse influir? ¿Colmillo Blanco, como animal solitario, habría desarrollado un carácter totalmente distinto, no sólo por el entorno salvaje sino por la no-influencia de otros seres? No puedo releer esto sin marearme. Su obra, condensada en una edición de bolsillo de Alianza Editorial de 286 páginas, me ha parecido inmensa. 
Agradezco no haber visto ninguna versión cinematográfica de su obra antes de leerla. Tampoco leí este libro en mi adolescencia y he comprobado que muchos otros tampoco hoy, en su madurez, lo han leído. Gracias Sr. London. Llevo a Colmillo Blanco dentro de mí.

Friday, April 06, 2012

Carta póstuma a Borís Pasternak:

Yuri, Yuri... cómo suena! Me encanta oírlo. Imaginando a los viejos amigos, en el último pasaje narrado de la novela, cómo contemplan la ciudad nocturna a lo lejos, en las manos el cuaderno de los escritos de Yuri.
El doctor Zhivago es una novela perfecta, llena de belleza, grande, en la que las pequeñas historias se entrelazan a veces de forma casual y extraordinaria.
Y pensar que su obra se me resistía pues tuve que devolverla a la Biblioteca en una ocasión pues el ejemplar tenía por lo menos un pliego en blanco y luego, otras veces, comencé a leerla pero no sería el momento.
Los pensamientos, la poesía y todo el desarrollo serán -seguro- mejores en el idioma original. Lo que más me ha costado a este respecto es orientarme con los nombres de los personajes, como me ha pasado con otros autores rusos inacabados.
He sufrido durante la lectura con el sufrimiento de Yuri, de Lara, de Tonia (qué grandes nombres), con esas vidas tan plenas de personas que saben ver el valor del otro pese a sus errores, que saben ver la grandeza del espíritu del hombre. He encontrado similitudes entre esos tiempos de cambios y los nuestros. Ojalá supiera yo afrontarlos tan bien como ellos.
¡Hay tantos pasajes que he señalado y que es imposible recordar! Espero que esta sensación me acompañe en el corazón durante mucho tiempo.

Thursday, January 05, 2012

Querida Sra. Rowling,


Le escribo tras leer de nuevo su último libro de la saga Potter, Harry Potter y las reliquias de la muerte. He considerado que, estando en Navidad y con este mal que me aqueja de "descentre total", podía permitirme el lujo (o el derroche) de volver a leer su libro. Es curioso como... ¡¡no recordaba nada!! ... O casi nada. Ha sido como una primera lectura. Quizás la última vez leí con demasiada avidez... y esta quizás ha sido una lectura más de deleite... ¡quién lo diría!
Me ha sorprendido esta vez las grandes pausas o tiempos lentos que hay en el libro (cosa que en la película, que estoy viendo, eliminan rápidamente). Es un libro largo, sí, pero hay muchos momentos alargados y otros tantos repetitivos. Así son los preparativos antes de la boda de Bill y Fleur y la cantidad de cambios en los sitios de acampada. Se que estos tiempos quieren reflejar la situación de pérdida de Harry y los demás que no saben qué hacer, qué buscar y en quién confiar. Por otro lado, el libro tiene capítulos o páginas con muuucho argumento, en la que se desvelan muchos enigmas y ocurren tantas cosas. Me parece que hay ahí un gran contraste.
Esta vez he notado un estilo de redacción más unido y la lectura ha sido para mí más fácil, menos atropellada... Claramente tenía que ver con mi momento de lectura.
Me llama la atención algo que creo que ya lo hizo la vez anterior... ¿Dónde está Dios en su libro? En momentos de semejante caos (¡¡el mundo mágico -y en fin el mundo- está en guerra!!) nadie piensa qué hay más allá... ¡ni siquiera para desmentirlo! ¿O es que no hace falta? No hay ninguna reflexión en el cementerio de Godric's Hollow, cuando se escucha cantar a la gente en la iglesia...
El final me parece conmovedor. No me molesta en absoluto. Tengo muchas ganas de ver cómo lo han resuelto en la película (todavía me queda por ver la última parte de la segunda parte). En el film han eliminado muchas escenas del libro en las que Harry se ocultaba bajo la capa de invisibilidad o iban "disfrazados" de otros con la poción multijugos. Como ve, tengo los hechizos en la punta de la lengua... Estos días he echado en falta una varita en muchos momentos para decir Accio... o poder dar a alguien un sorbo de Veritaserum. Llevo semanas tan metida en su mundo que por un momento he creído que fuera posible hacerlo.
Esta vez me ha quedado una sensación de tristeza distinta. Ahora simplemente pienso qué podré leer ahora para distraerme tanto. Le mando un fuerte abrazo Sra. Rowling.

Saturday, December 17, 2011

Carta póstuma al Sr. Edmond Rostand:

Querido Sr,
Cyrano de Bergerac, ¡qué sorpresa! ¡Qué gran obra! Desde luego el suyo es un clásico que nunca pasa de moda. Creo que por eso mismo es un clásico, porque pese a que fue escrita a finales de 1800 aun hoy se entiende. ¡Qué sorpresa también comprobar que Cyrano fue un personaje real, escritor, pensador, de la Francia del siglo XVII! Creo que es la primera vez que leo por propia iniciativa una obra teatral. Me alegro que haya sido Cyrano.

P.D. a los ajenos: Por ahora no puedo colgar la foto de la portada de la edición que he leído, de Sopena. Me ha sorprendido lo bien traducida que está. Al menos esa es mi impresión. [Por fin he podido colgar la imagen. A 06 de abril de 2012]

Querido Daniel,


Nos volvemos a cruzar. Me he divertido mucho con su libro. Especialmente con la primera parte. He tenido muchos momentos de sonrisa y de risa. Algún otro momento de aburrimiento (tanto hablar del entrenamiento para los besos) y en general, muchos momentos de distracción. Reconozco que la historia de Max, Katrin y Kurt me ha gustado menos que la de Contra el viento del norte. Aquí, por cierto, también aparece ese viento acompañado de un ambiente invernal desapacible.

He tirado de usted, Daniel, en un fin de semana especial, de aviones, trenes, encuentros, abrazos, alegrías, angustias (conmigo es imposible...), agradecimiento, recuerdo... Usted (su libro) y ese braco alemán de pelo duro... solo quiero decirle que, para la próxima, añada usted una foto. Dejo su libro viajero, Daniel, con una historia dentro y otra fuera. Un abrazo.

Sunday, December 11, 2011

Querida Rosamunde,

Terminé de leer su libro hace unos días y ahora le escribo en una situación idílica: me encuentro relajadísima y en un entorno ideal. Unas cuantas gotas caen poco a poco de una fuente y un murmullo de voces viene por la derecha. Hay sonidos lejanos de platos y cubiertos y de repente, unos tacones que caminan por delante de mí. Alguien dice "hasta mañana" pero no oigo la respuesta.
Sus libros siempre han representado para mí, descanso, alegría, paz... como una vuelta al hogar, a los hogares que usted ha creado en cada uno de sus libros. Solsticio de invierno es una novela de este tipo pero no me ha gustado como la que más. Son curiosas sus novelas corales en las que los personajes van apareciendo individualmente para luego juntarse y enlazar sus historias para convertirlas en una sola. De todas maneras hay algo en Solsticio de invierno que no la hace una de sus mejores novelas ni la más representativa. Es quizá la historia de Carrie y Sam que no acaba de dibujarse, es quizá el tono repetitivo que hay en la relación entre Elfrida y Óscar en la que muchos detalles vuelven a decirse una y otra vez como si no nos hubiésemos enterado, es quizá una historia demasiado larga en la que las distintas piezas acaban, según mi punto de vista, encajando demasiado bien. Es, como dice Lucy... ¿Cómo es posible que ocurran tantas cosas en un mismo día?
Sabe, Rosamunde, que siempre le estaré agradecida. Un fuerte abrazo.

Sunday, October 09, 2011

¡Hola de nuevo Albert!

Siento decirle que este libro suyo me ha gustado mucho menos que Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Lo siento yo, sí, pero imagino que usted no lo sentirá nada o al menos no tanto como yo. Lo he leído porque me lo han prestado pero tampoco esperaba gran cosa. Me encantan su título, eso sí, la tipografía de los capítulos, su cubierta... pero este texto... No he llegado a captar el mensaje. O no. Aunque lo capto, el mensaje es demasiado evidente. Esta claro que quiere decirnos algo pero queda como demasiado hueco (no de espacio sino de resonancia). Demasiadas ideas bonitas, de superación personal, de hallarse uno mismo, todas juntas, sin ton ni son, un estilo a manual de autoayuda novelado.

[Mi texto sí que está quedando complicado... No me estoy entendiendo ni yo misma... Ríase entonces usted conmigo de mi crítica.]

Hay muchas frases que me gustan, que quedan muy redondas. Pero por otro lado hay grandes rotondas (intentando seguir el símil) que me parece que sólo hacen marear al lector: "te tendría que contar algo pero ahora no, más tarde... Ahora te lo cuento... bueno no, ahora no, después... Ahora quiero contarte esto otro pero te lo contaré después de que te cuente lo anterior que lo dejé a medias pero lo completaré más adelante..." Debe haber un estilo, sí, que pretende romper con la narración lineal. Creo que no quiere empezar por el principio y acabar por el final. Pero conmigo lo único que ha conseguido es que no sepa si me ha contado todo lo que había dicho que pretendía. ¿Tengo que sentirme engañada? Dan ganas de decir: "vale, muy bien, pero esta te la apunto y luego paso lista para ver si has terminado de contar lo prometido". En fin, es curioso, su estilo, su forma, sus ideas (sus "perlas", sus estrellas, sus faros...) pero no queda todo bien hilado... SIEMPRE, SIEMPRE, A MI PARECER (a la hora de dar críticas negativas me entra mucho miedo).

Pese a todo tengo que darle las gracias Albert. Al final ha conseguido que lea dos de sus libros. Pero tendría que convencerme mucho para leer el siguiente.

Querida Nicole,

¡Me ha encantado! ¡Cómo es La historia del amor! ¡Es un libro maravilloso! Quiero agradecer a la editorial Salamandra que lo haya vuelto a editar en esta edición de aniversario, además de hacerlo con este color tan bonito para la cubierta, esta forma y estas ilustraciones. El libro es una delicia en su conjunto.

La historia es extraña, es curiosa, es intrigante, es adictiva. Te atrapa, te interroga, te sorprende, te hace reír...

Me encanta la forma de hablar de los personajes. Sus reflexiones con puntos. Sus acciones, sus aventuras, sus maneras de entender y hacer su propia vida. Su valentía.

Hay cosas que no he podido averiguar y no se si realmente Leo Gursky era quien yo creía, si estaba imaginando a sus amigos, si se estaba imaginando él mismo o si era otro.

Volvería a leerlo hoy mismo (y hace menos de un mes que lo terminé). Es un libro con mil rincones. Mil frases para detenerse y mirar. Hay mil historias dentro de otras historias. Hay mil sitios para perderse y enredarse, para averiguar quién era Alma o quiénes eran Alma.

MUCHAS GRACIAS NICOLE. ¡FELICIDADES!

Carta póstuma a la Sra. Christie:

Querida Agatha:

Hace mucho (sí, de nuevo) que acabé su libro Asesinato en el Orient Express. Es curioso (sí, también) que a mi edad (sí, a mi edad) no lo hubiera leído. Al menos yo me sorprendo... me sorprendo de mí misma, sí. Leí, en algún momento de mi vida, Diez negritos y todavía recuerdo lo mucho que me gustó. Este me ha enganchado, cómo no, pero llega un momento en que se hace un poco previsible y Poirot va dejando caer pistas para que tú también averigües el final. Eso sí, hay tal cantidad de personajes que no he llegado a distinguirlos a todos. Desde luego tampoco me pregunte en qué compartimento estaban.

Me ha llamado la atención que el detective no pretenda interrogar a ningún momento al médico y al jefe de la compañía, ni siquiera antes de saber que estaban exculpados todos los que no se encontraban en el vagón del asesinado. ¿Y él? Tampoco llega a interrogarse a él mismo. Ni siquiera intenta demostrar su inocencia. En el juego de la duda que corroe al lector también formará parte el que Poirot pueda ser el asesino, sobre todo si te plantas frente al libro sin ningún conocimiento previo.

Gracias Sra. Christie, por permitirnos sentarnos junto a Poirot y sus acompañantes y hacernos intervenir en las investigaciones, juzgando a todos y rebatiendo los argumentos que lanzan los sospechosos. Gracias por atarnos a sus libros.

Tuesday, August 23, 2011

Carta póstuma a Pushkin:

Por fin he podido leer la historia que leía... ¿cómo se llamaba? ¡¡Tatiana!! [he tenido que buscarlo] en El jinete de bronce de Paullina Simons. Había otros libros, creo recordar, también suyos, como Eugenio Oneguin y algún otro... La edición de Hiperión es estupenda, con el texto original en ruso y grabados de la primera edición, además del prólogo que contextualiza bastante la obra. Leí su libro en una sentada (la sentada fue de 8 horas aunque creo que su libro sólo me llenó 1). El exordio (por cierto, interesante palabra) dedicado a San Petersburgo es la parte que más me ha gustado. No sé si ha sido muy difícil la traducción pero queda muy bien en castellano. Me gusta sobre todo la dualidad de la ciudad cruel y amiga, destructora y bella, como es todo en esta prosa versificada o en estos versos prosaicos. El zar Pedro es el hacedor de lo grandioso a la vez que el culpable de la destrucción... ¿será este el comienzo de una nueva etapa de lectura desplazada hacia el este?